La salida de Sergio Maza abrió en Sportivo Belgrano un escenario poco habitual para la institución en los últimos años: la necesidad urgente de encontrar un nuevo entrenador en plena competencia.
El empate del pasado domingo ante El Linqueño marcó el final de un ciclo extenso, dos años y cuatro meses, que dejó 67 partidos oficiales y lo posicionó entre los tres procesos más largos desde el ascenso al Argentino A en 2009, solo por detrás de Daniel Primo (88) y Ariel Giaccone (73).
En barrio Alberione, la búsqueda del sucesor no se detiene, aunque por ahora sin resultados concretos. Uno de los primeros nombres en carpeta fue justamente Daniel Primo, histórico del club, quien fue contactado por Juan Manuel Aróstegui para conocer su disponibilidad. Sin embargo, su compromiso actual con las divisiones inferiores de Instituto de Córdoba hizo inviable cualquier avance. Otro de los apuntados fue Carlos Mayor, pero su rápida vinculación con Almagro tras su salida de Mitre de Santiago del Estero lo dejó fuera de consideración.

También son del gusto de la dirigencia Leonardo Fernández de Colegiales y Gustavo Coleoni de San Miguel; pero que actualmente están con trabajo sin lograr avanzar en su desembarco en San Francisco.
Mientras tanto, el equipo sigue en marcha. El Torneo Federal A no da respiro y este sábado, en Chivilcoy frente a Independiente, el encargado de conducir al plantel será Cristian Álvarez de manera interina. Una solución lógica en la coyuntura, pero que expone la urgencia de una decisión de fondo.

El contexto abre una discusión que trasciende el caso puntual: la importancia de sostener procesos en el fútbol. Sportivo Belgrano venía siendo, en ese sentido, una excepción dentro de la regla. En los últimos seis años (2020-2026) tuvo apenas cinco entrenadores, una cifra baja en comparación con los 15 que pasaron entre 2014 y 2020. La estabilidad había sido una política, no un accidente.
Sin embargo, la dinámica del fútbol empuja en otra dirección. Los resultados mandan y los tiempos se acortan. El desafío ahora es doble: encontrar un entrenador que pueda responder a la urgencia competitiva, pero que también tenga la capacidad de proyectar a mediano plazo. No es un detalle menor que quien llegue lo haga con el torneo en marcha y con un plantel que no armó. Adaptarse a los recursos disponibles y potenciar lo existente será una condición indispensable.
En ese sentido, el perfil buscado no solo debe ajustarse a una idea futbolística, sino también a una lectura realista del plantel. Sportivo Belgrano se construyó para ser protagonista, con aspiraciones claras de ascenso, en un club ordenado, cumplidor y en una ciudad que ofrece condiciones atractivas. No faltan candidatos; lo complejo es elegir correctamente.
La dirigencia sabe que el margen de error es mínimo. La decisión no puede limitarse a un nombre propio, sino a una evaluación integral: estilo de juego, capacidad de adaptación, manejo de grupo y lectura del contexto. Porque en el fútbol, donde todo se mide fecha a fecha, acertar en esa elección puede marcar la diferencia entre sostener un proyecto… o volver a empezar.

