Básquet

La tercera, una revancha para todos

San Isidro vuelve a estar donde soñó estar todo el año. Después de barrer 3-0 a La Unión de Colón, el equipo de Sebastián Porta se clasificó a una nueva final por el ascenso a la Liga Nacional. Será la tercera en apenas siete años para una institución que convirtió el golpe del año pasado en combustible para volver a intentarlo.


El “Rojo” jugará por segundo año consecutivo una definición por el ascenso y tendrá ventaja deportiva, un factor que hizo pesar durante toda la temporada con una impresionante marca de 22 victorias y apenas una derrota como local. La base del plantel que cayó ante Racing de Chivilcoy se mantuvo unida detrás de una misma consigna: revancha.

No fue casualidad. Tampoco una sorpresa. San Isidro construyó esta nueva final desde el mismo instante en el que terminó la anterior. La herida de la derrota ante Racing de Chivilcoy en la definición pasada no empujó al equipo al derrumbe. Todo lo contrario. Lo fortaleció. Lo convenció aún más de que estaba cerca. Que el camino era ese. Que había que volver a intentarlo.

Por eso gran parte del plantel decidió quedarse. Por eso Sebastián Porta continuó al mando. Por eso cada renovación durante el armado de la temporada llegó acompañada de una frase que terminó marcando el espíritu del año: “Compromiso de revancha”.

Y San Isidro cumplió. En Colón, Entre Ríos, el “Rojo” dio otra muestra de carácter y barrió 3-0 la semifinal ante La Unión tras ganar 83 a 73 el tercer juego. Lo hizo con autoridad, con personalidad y dejando claro que este equipo sabe exactamente a qué juega. Ahora tendrá una nueva oportunidad histórica: pelear nuevamente por el ascenso a la Liga Nacional.

Será la tercera final de ascenso en apenas siete años. La primera fue en la temporada 2018/2019, cuando San Isidro, campeón de la Conferencia Norte, cayó 3-2 ante Platense, ganador de la Sur. La segunda fue la del año pasado, otra vez en cinco juegos, frente a Racing de Chivilcoy. También dolió. También quedó la espina.

Pero lejos de modificar el rumbo, el club apostó a sostener la estructura. Buchaillot, Mare, Saglietti, Diotto, Suñé, Eydallín, Lambrisca, Boyé, Lizarraga y Chémez decidieron seguir. Porta también. Dos años en San Isidro, dos finales.

La continuidad no fue solamente deportiva. Fue emocional. Este plantel eligió volver a empezar para tener otra oportunidad. Y la encontró.

San Isidro terminó segundo en la fase regular y convirtió al estadio “Antonio Manno” en una verdadera fortaleza: ganó 22 partidos y perdió apenas uno en toda la temporada jugando como local. Un dato que ahora toma todavía más valor porque, sea cual sea el rival en la final, tendrá ventaja deportiva y comenzará la serie en casa.

La ciudad ya empezó a ilusionarse. Otra vez. Porque este equipo generó identificación, pertenencia y expectativa. Porque aprendió de los golpes. Porque supo levantarse. Porque después de tanto buscarlo, San Isidro tendrá una nueva chance.

La tercera. Y quiere que sea la vencida.

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