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Febo, el profe que no se rindió y lo consiguió siete años después

Hay historias que no se miden en resultados inmediatos, sino en el tiempo que alguien está dispuesto a esperar para cumplir un objetivo. La de Febo Sosa es una de esas. Una historia de constancia, de pausas obligadas y de sueños que nunca se terminan de apagar.


Profesor de Educación Física, preparador físico y judoca desde siempre, Febo construyó su camino en paralelo entre el deporte profesional y su pasión de toda la vida. Apenas recibido en 2023, comenzó a trabajar rápidamente en San Isidro, donde dio sus primeros pasos como PF. Luego, su carrera lo llevó a Rivadavia de Mendoza, donde formó parte del cuerpo técnico en la Liga Argentina de Básquet durante dos temporadas. Pero el destino tenía guardado un regreso especial: volver a San Francisco, su ciudad, para retomar algo que había quedado pendiente.

Ese regreso no fue sólo laboral. Fue también emocional. Se sumó a espacios como El Ceibo y FORMAR, mientras empezaba a reconstruir su rutina como judoca. Volvió a entrenar en el Centro Integral de Judo Alfredo Acosta, se hizo el tiempo y comenzó a prepararse con un objetivo claro: saldar una deuda personal que llevaba años.

Con su entrenador y compañeros en el Nacional que se disputó en San Juan


El escenario para lograrlo fue el Campeonato Nacional Apertura de judo el pasado fin de semana, disputado en el Estadio Aldo Cantoni de San Juan, uno de los eventos más importantes del calendario, con más de 1.500 competidores de todo el país. Allí, después de siete años sin competir a nivel nacional, Febo volvió a subirse a un tatami con algo más que ilusión.

“Por fin una vez pegué yo y no me hicieron nada”, dice entre risas, todavía con la emoción a flor de piel. “Tengo apenas un raspón, pero estoy feliz. Hacía mucho que quería lograr esto”, le dijo a DIARIOSPORTS.

La historia no empezó ahí. En 2018 y 2019 había quedado a las puertas, con dos subcampeonatos que le dejaron una espina difícil de sacar. “Nunca había podido salir campeón, y eso me quedó marcado”, cuenta. Después vinieron años donde el judo quedó en pausa: estudios, trabajo, responsabilidades. La vida misma. Pero nunca dejó de estar.

“Cuando volví a San Francisco decidí volver a entrenar. Desde que empecé judo, mi sueño era ser campeón argentino”, explica. Y esta vez fue diferente. Con una preparación sostenida —combinando entrenamientos en el tatami y en el gimnasio— encontró el equilibrio necesario. “Voy dos o tres veces por semana a judo y trato de meter cuatro días de gimnasio para compensar. Con los partidos se hace difícil, pero me las arreglo”, dice, mostrando la doble exigencia de su vida.

En lo más alto del podio, Sosa se consagró campeón nacional de judo.


En su categoría, Kyu Graduado hasta 73 kilos, tuvo que abrirse paso entre 22 competidores. Fueron cuatro luchas en total: tres para llegar a la final y una más para definir todo. Y esta vez, la historia cambió. Ganó. “Se me cumplió. Por eso la emoción. Fueron muchos años esperando esto”, resume.

El título no sólo representa una medalla. Es también una puerta. Ahora podrá rendir para cinturón negro, un paso clave dentro de su carrera en el judo. Pero más allá de eso, hay algo más profundo: la sensación de haber cerrado una historia que había quedado inconclusa.

Siete años después, Febo Sosa volvió. Y no volvió para participar. Volvió para cumplir lo que alguna vez soñó.

Febo es el preparador físico de Asociación El Ceibo en la Liga Feeral de Básquet


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