San Isidro bajó el telón de la Fase Regular de la Liga Argentina con una campaña que lo posiciona como protagonista: 23 triunfos y 9 derrotas en 32 presentaciones, números que lo depositaron en el segundo lugar y lo meten de lleno en la conversación grande de cara a los playoffs.
En la tabla, por puntos, terminó en lo más alto; por desempate, se tuvo que conformar con el segundo lugar. Sani cerró una Fase Regular extensa de 32 partidos con 23 victorias y 9 caídas, logrando el 71.87% de triunfos, ubicándose como la sexta mejor fase regular en 20 temporadas en segunda división.
Pero más allá del récord, hay una característica que define al equipo de Sebastián Porta y lo distingue del resto: su forma de jugar. En un contexto donde el triple domina el básquet moderno, el “santo” construyó su identidad desde otro lugar.
En términos generales, los números muestran un equipo equilibrado. San Isidro promedió 83,2 puntos por partido, ubicándose como la octava mejor ofensiva de los 34 equipos, mientras que recibió 77,5, lo que lo posiciona en el puesto 13 entre los que menos conceden. Ese diferencial de +5,7 por juego explica en buena medida su regularidad a lo largo de la temporada, que de local fue estupenda (ganó 15 y perdió 1), mientras que de visitante por momentos le costó bastante (récord de 8-8).
Sin embargo, el dato que rompe el molde aparece cuando se pone la lupa en el tiro exterior. San Isidro es el tercer equipo que menos triples intenta en la categoría, con apenas 22,4 lanzamientos por partido y un promedio de 7 conversiones (31%). En una era donde el perímetro marca el pulso ofensivo, el equipo de Porta elige no depender del volumen desde afuera.

La comparación con la élite nacional refuerza esta diferencia: en la Liga Nacional, el conjunto que menos tira no baja de los 23,5 intentos por noche, mientras que los equipos competitivos suelen superar con comodidad la barrera de los 30. San Isidro está por debajo de todos esos registros.
En contrapartida, sostiene un juego interior de altísima calidad. Con 41,1 intentos de dobles por partido y un 58% de eficacia, se ubica entre los mejores de la Liga Argentina, con un porcentaje que incluso supera a los líderes de la Liga Nacional, donde el tope actual es del 56%. El “santo” no solo apuesta al tiro de dos puntos: lo hace con una eficiencia superior a la media de la máxima categoría.

¿Por qué importa esto de cara a los playoffs?
Ahí aparece el punto crítico. Que San Isidro tome pocos tiros de tres no es solamente una particularidad estadística: es un volumen bajo para los estándares competitivos actuales. En momentos definitorios, cuando las defensas se cierran y el porcentaje de dobles tiende a bajar —como suele ocurrir en playoffs—, los equipos necesitan otras vías de gol.
En esos escenarios, si el rival limita la producción interior y no se compensa con triples, se pierden puntos. La solución no pasa por cambiar el estilo, sino por agregar situaciones que generen más triples abiertos, especialmente en transición y desde las esquinas. Se estima que al equipo le faltan entre 6 y 10 intentos adicionales por noche, no como una cuestión de volumen por sí mismo, sino como consecuencia de un ritmo más alto por momentos y una mejor generación de ventajas.
No se trata de “tirar más”, sino de crear más tiros de calidad. Para competir en partidos cerrados y series largas, suele ser determinante contar con entre 10 y 12 triples convertidos, un rango que marca diferencias en finales igualados; en tres juegos marcó entre 10 y 11 triples y los ganó a los tres. Es más… cuando convirtió 9 también siempre fue victorioso (6 oportunidades).
La identidad, el plantel y el reparto ofensivo
La identidad se sostiene en la pintura, pero también en la continuidad del plantel. Seis jugadores disputaron los 32 partidos de la fase regular (Diotto, Eydallin, Hooper, Lambrisca, Mare y Saglietti) dentro de una rotación que mayormente es de 9, pero que se amplia a 10 y en total 13 fueron los nombres que jugaron en la Fase Regular.

En cuanto a minutos, Nahuel Buchaillot lidera con 29 por encuentro, seguido por Manuel Lambrisca (28) y Jerónimo Suñé (26,3). El goleo se reparte: Lambrisca (12,6), Suñé (12,3), Hooper (12,2), Buchaillot (11,6) y Ortiz (10,1) conforman cinco vías de doble dígito que le dan variedad y previsibilidad ofensiva (es el equipo titular).

Los porcentajes individuales sostienen la eficiencia colectiva: Saglietti y Buchaillot (64% en dobles) y Hooper (63%) marca una referencia en la pintura, mientras que Suñé y Ortiz aportan lo mejor en libres (78%) y buenos porcentajes de tres (38%), señal de que el tiro exterior no está ausente, pero sí es selectivo.
El desafío del modelo
Con una identidad clara, números que respaldan su campaña y una propuesta que incluso desafía parámetros de la máxima categoría, San Isidro llega bien perfilado. El interrogante es si ese estilo, más paciente, más elaborado y menos apoyado en el triple, alcanzará en un contexto donde cada posesión pesa más y las defensas ajustan al límite.

