Números que no solo se sostienen, van en aumento. El Ceibo está a un paso de jugar la final por el ascenso, con una identidad grabada a fuego que en momentos decisivo como el que está atravesando, puede ser determinante.
Hay equipos que viven del tiro de tres. Otros recurren a él cuando el partido se presenta favorable. El Ceibo pertenece a otra categoría: construyó una identidad alrededor del lanzamiento exterior. Lo del miércoles en Pilar, con 16 sobre 32 intentos (50%), no fue una actuación aislada ni una noche iluminada. Fue, simplemente, la expresión a flor de piel de una filosofía que Eduardo Blengini sostiene desde hace años.
El dato impresiona, pero el contexto todavía más. Después de 19 partidos disputados en la Liga Federal, la Flor lanza 33 triples por encuentro, convierte 11,9 y mantiene un 35% de efectividad, un porcentaje altísimo si se tiene en cuenta semejante volumen de intentos. En promedio, 35,7 de los 83,6 puntos que anota por partido llegan desde detrás de la línea de 6,75. Es decir, más del 42% de su producción ofensiva nace del triple.
No es casualidad. Es una decisión. Desde hace varias temporadas, los equipos de Blengini priorizan el espacio antes que el tamaño. Mientras muchos buscan dominar la pintura contratando pivotes pesados y de espaldas al aro, El Ceibo apuesta por otra cosa: cinco jugadores capaces de jugar abiertos, mover la pelota y castigar desde el perímetro.
Incluso sus internos representan esa idea. Esteban Ledesma es probablemente el mejor ejemplo. Convierte el 39% de sus triples, intenta más de cinco por partido y obliga permanentemente a que el defensor salga de la pintura. La consecuencia es inmediata: la zona queda liberada para las penetraciones de Rojas, las descargas y el movimiento constante del balón. No se trata únicamente de tirar mucho, se trata de abrir la cancha para que todo funcione.

Libertad para lanzar
Una característica distintiva de este El Ceibo es que el reloj casi nunca condiciona la toma de decisiones. Si encuentra un lanzamiento cómodo en transición, lo toma. No importa si pasaron cuatro, seis u ocho segundos de posesión. Si el rompimiento genera una ayuda defensiva, aparece la descarga.
Y allí vuelve a ser determinante la lectura de Rojas, uno de los principales generadores del equipo, encontrando tiradores abiertos alrededor del perímetro. En otros equipos, muchos de esos lanzamientos serían considerados apresurados, mientras que en El Ceibo forman parte del plan: una marca registrada.
Los números explican que no existe improvisación. En 13 de los 19 partidos disputados hasta el momento en la Liga Federal, convirtió 10 o más triples. Su techo apareció dos veces, con 19 conversiones: frente a Atlético María Juana (19/42) y Urquiza de San Juan (19/34).
Apenas en dos encuentros bajó de ocho triples convertidos. Fueron los 7 frente a Banda Norte y Almagro, ambos como visitante. Curiosamente, también ganó esos partidos, por apenas un punto y tres puntos respectivamente, demostrando que cuando el tiro exterior no aparece puede encontrar otros caminos, aunque siempre sin renunciar a su esencia. Además, en siete partidos lanzó más triples que dobles, una cifra que describe como pocas la naturaleza ofensiva del equipo.

El tiro que no deja de crecer
Lejos de disminuir bajo presión, la efectividad incluso aumenta cuando llegan los cruces decisivos. Durante la fase regular El Ceibo convirtió un 34,65% desde tres. En los siete partidos de playoffs elevó ese porcentaje hasta 38,9%. Es decir, cuando las defensas ajustan y cada posesión vale más, el equipo mejora.
Todos pueden tirar, Santiago Andrione convierte el 38%, Matteo Blengini un impactante 58%, aunque con menor volumen, Grosso aporta un 34%, Ledesma un 39%, Rojas, pese a cargar con gran parte de la generación ofensiva, intenta casi seis por encuentro; no existe un único especialista, existe un modelo donde prácticamente cualquier jugador que pisa la cancha tiene luz verde para tirar.
En toda la Liga Federal, solamente Regatas de San Nicolás presenta una eficacia superior (36%), aunque con una diferencia importante: intenta 29,1 triples por partido, casi cuatro menos que El Ceibo.
El Ceibo convierte manteniendo un volumen enorme; porque tomar 33 triples por encuentro implica aceptar un riesgo permanente. Hay noches donde el aro parece enorme, como ocurrió en Pilar. Y habrá otras donde el porcentaje caerá. Pero “Mara” nunca modifica la idea por un resultado aislado: la mantiene, la sostiene y sus jugadores la ejecutan convencidos.
Por eso los 16 triples convertidos en Pilar no fueron una excepción. Fueron, simplemente, El Ceibo siendo El Ceibo.

