Son referentes, tienen palabra autorizada, lo vivieron en carne propia y su experiencia tiene fundamento para ser tenida en cuenta. En DIARIOSPORTS, Borgogno, Avaro, González, Felissia, Mondino y Müller hablan del baby fútbol.
La discusión está abierta. El Baby Fútbol ya no se mira solo desde la pasión del juego, sino también desde las exigencias que muchas veces lo atraviesan. Días atrás, en DIARIOSPORTS, se puso sobre la mesa una pregunta incómoda pero necesaria: ¿el baby fútbol está pensado para que jueguen todos?
Para profundizar el debate, esta vez la pelota pasa a quienes recorrieron ese camino completo. Jugadores nacidos en San Francisco que comenzaron en el baby, jugaron el Nacional, atravesaron procesos formativos y hoy son profesionales. Referentes que, sin proponérselo, se transformaron en espejo para cientos de chicos y familias.
Diego Mondino, con sus inicios en Estrella del Sur y hoy consolidado como profesional en Gimnasia de Mendoza; Facundo González, campeón Nacional con Defensores de Iturraspe y reciente debutante en Primera con River Plate; Matías Borgogno arquero de Platense y Enzo Avaro en Mitre de Santiago del Estero, ambos formados en Belgrano; Leonardo Felissia, defensor de Central Norte de Salta surgido de General Savio; y David Müller, en San Miguel que también transitó su formación en el baby en Deportivo Norte, aportan su mirada desde la experiencia.
¿Qué le dirían hoy a ese nene que arranca? ¿Qué opinan sobre el rol de entrenadores y padres? ¿Qué recuerdan de esa etapa? ¿Y qué se necesita realmente para llegar a Primera? Las respuestas no sólo coinciden: también invitan a reflexionar.
“Que disfrute, que no queme etapas” — Diego Mondino
Consolidado como jugador profesional, actualmente en Gimnasia de Mendoza, Diego Mondino representa una historia de constancia y perseverancia. Su mensaje hacia los más chicos es claro: “El nene que está en el baby tiene que disfrutar de ese momento, preocuparse solamente por jugar. Ya va a tener tiempo de competir. Que no queme etapas, porque es una de las etapas más sanas que tiene el fútbol. Les queda mucho camino y recién empieza”.
Mondino también pone el foco en los adultos: “A los entrenadores les diría que se preocupen más por enseñar que por el resultado. Vivimos en un mundo que exige resultados, pero a esa edad no toman dimensión de lo importante que es educar en el juego y en el día a día. Muchos de nosotros pasábamos mucho tiempo en el club”.

Sobre las familias, su mirada es igual de contundente: “Que acompañen, que no exijan demasiado. El recorrido es largo, difícil, y pocos llegan. Lo importante es que estén, que escuchen, que acompañen”.
Al recordar su infancia, aparece lo esencial: “Del baby tengo un gran recuerdo. Es parte de nuestra infancia: los amigos, el club, los torneos. Fue una etapa muy linda”.
Y al hablar del camino hacia Primera, deja una definición completa: “Se necesita trabajo, constancia, talento y ganas de seguir creciendo. Saber que siempre se puede mejorar. Va a haber momentos duros y frustrantes, pero hay que sobreponerse. Y también algo que a veces se pasa por alto: la suerte. Pero la suerte hay que acompañarla con preparación”.
“El baby es uno de los recuerdos más lindos” — Facundo González
El reciente debut de Facundo González en Primera División con River Plate lo posiciona como una referencia inmediata para los chicos. Su mirada vuelve al origen: “Siempre trato de decirles a mis primitos que disfruten, que no piensen que tienen la obligación de llegar a Primera. Son chicos, y el baby es uno de los recuerdos más lindos que tengo, junto al Nacional”.

Su historia también resalta un factor determinante: “Todo lo que logré fue gracias al apoyo de mi familia. Estuvieron en cada viaje, en cada torneo, en cada partido”. El mensaje hacia los padres es directo: “Que acompañen a sus hijos. Y si tienen la posibilidad de llevarlos a campeonatos, que lo hagan”.
Y hay una imagen que resume todo: “Lo que más extraño es esperar el sábado para ir con mi familia a la cancha”.

“Permitir el error, dejar jugar” — Enzo Avaro
Enzo Avaro también construyó su camino hasta el profesionalismo, y su mensaje pone el foco en algo clave: el error como parte del aprendizaje. “A los chicos les diría que disfruten, que jueguen y lo vivan de la mejor manera”.
Pero su reflexión más profunda apunta a los adultos: “A los entrenadores y padres les diría que acompañen y permitan la equivocación. Que los dejen jugar sin la responsabilidad del resultado, porque eso lo único que genera es frustración”.
Su recuerdo del baby vuelve a lo emocional: “Son momentos hermosos. Salir de la escuela e ir caminando con el botinero al club, estar con los compañeros, muchos de los cuales siguen siendo amigos. Esperar el sábado para pasar todo el día en la cancha. Solo querer jugar y disfrutar”.

Y sobre el camino al profesionalismo, sintetiza: “Hay que creer en uno mismo y prepararse en todo momento: física, mental y futbolísticamente. No siempre las cosas salen como uno quiere, y ahí la constancia y la disciplina son fundamentales. Siempre hay algo por mejorar”.
“Es un juego, no una responsabilidad” — Matías Borgogno
Arquero de Platense y protagonista en la Copa Libertadores, Matías Borgogno aporta una mirada clara sobre el presente del baby fútbol, con un mensaje que insiste en volver a lo esencial. “Al pibe que está en baby le diría que lo disfrute. Es un juego, no tiene responsabilidades. Lo más lindo es jugar con amigos, con compañeros, y que la competencia sea lo más sana posible”.
En su relato aparece un valor que se repite en todos los testimonios: “Los lazos que se generan en esa etapa duran toda la vida. Cuando uno es chico, lo que busca es eso: jugar, estar con amigos. Después ganar o perder termina siendo solo un resultado”.

También deja un mensaje importante sobre las decisiones a futuro: “Hay mucho tiempo para pensar si quieren ser profesionales o no. Lo importante es que hagan lo que los hace felices, que no se frustren y que disfruten esta etapa sin presiones”.
Su mirada sobre los adultos es directa: “A los padres y entrenadores les diría que no exijan. Muchas veces se pone el foco en ganar, pero cuando sos chico lo más importante es jugar y disfrutar. Después, más adelante, llegan las responsabilidades”. Y profundiza en el rol formativo: “El entrenador tiene que enseñar, corregir y formar. Es un deporte colectivo, no hay figuritas. Cuando la competencia se lleva al extremo, muchos chicos se frustran y quedan en el camino”.
Al recordar su infancia, vuelve a lo genuino: “Yo lo disfruté mucho. Siempre hice deporte porque me gustaba, porque lo elegía. Y muchas veces lo que me hacía seguir era el grupo de amigos”. Sobre el salto al profesionalismo, marca una diferencia clave: “Ahí ya es un trabajo. Hay responsabilidades, cuidados, detalles que hacen la diferencia. La cabeza pasa a ser fundamental, y también el acompañamiento profesional para sostener el rendimiento”.

“La frustración también enseña” — Leonardo Felissia
Defensor de Central Norte de Salta, Leonardo Felissia suma una mirada formativa que pone el foco en el aprendizaje emocional dentro del deporte. “Lo principal es disfrutar. El baby es una etapa muy linda que marca mucho. Es competitiva para la edad, pero lo más importante sigue siendo el juego”.
Su experiencia refuerza el valor del proceso: “A mí me ayudó muchísimo en mi formación. Fue una base muy importante para todo lo que vino después”.
Al hablar de la frustración, introduce un concepto: “Es algo normal. De las frustraciones se aprende mucho. Lo importante es no rendirse y saber manejarlas. Si querés llegar más alto, te vas a encontrar con dificultades cada vez mayores”.

Sobre el rol de las familias, coincide con el resto: “Los padres tienen que acompañar, estar presentes, pero sin exigir. Cuando la presión es demasiado grande, deja de ser algo sano”. Y amplía sobre los entrenadores: “Hay que recordar que se trabaja con chicos. Está bien competir, pero no a cualquier costo. Lo más importante es formarlos y que disfruten”.
Su recuerdo del baby vuelve a lo emocional: “Fue una etapa muy feliz. Mis padres me acompañaban a todos lados y esos momentos quedan para siempre”. Y deja una definición clara sobre el camino al profesionalismo: “Se necesita talento, pero sobre todo cabeza. Saber manejar las emociones, las frustraciones y sostener la disciplina”.
“Es un recuerdo que te queda para siempre” — David Müller
David Müller también se suma a la mirada de quienes hicieron todo el recorrido desde el baby hasta el profesionalismo, aportando una reflexión atravesada por la experiencia y el paso del tiempo. “Al chico le diría que lo disfrute mucho, porque es algo que te va a quedar para siempre. Es compartir con amigos del barrio, del colegio, vivir la pasión del fútbol los fines de semana. Es un recuerdo lindo que te queda para toda la vida”.
Sobre el rol de la familia, remarca su importancia: “A los papás les diría que acompañen, que estén en todos los momentos. El fútbol tiene más amarguras que alegrías, y ahí es donde la familia tiene que estar presente, conteniendo. Siempre ayudando desde la humildad, que es la única forma de crecer”.
En su memoria, el baby ocupa un lugar especial: “Recuerdo lo mejor, porque era mi día a día con amigos del barrio. Entrenábamos, jugábamos los fines de semana, y eso es algo que me va a quedar para siempre”. Y al hablar del camino hacia el profesionalismo, deja un concepto claro: “Se necesita paciencia, sacrificio y mucha perseverancia. No es fácil, es una carrera de resistencia. Hay que atravesar momentos personales y deportivos difíciles, pero el que aguanta y sigue, tiene más chances de llegar”.

Las historias son distintas, los caminos también. Algunos llegan antes, otros más tarde, y muchos quedan en el camino. Pero en cada testimonio aparece un hilo conductor que no se rompe: la importancia de disfrutar el proceso por encima del resultado, de aprender antes que ganar, de acompañar antes que exigir.
Lejos de idealizar el recorrido, quienes lograron llegar a Primera coinciden en algo tan real como necesario: es un trayecto largo, competitivo y muchas veces frustrante. No alcanza sólo con el talento. Hace falta constancia, disciplina, fortaleza mental y un entorno que entienda los tiempos del crecimiento. Y aun así, no siempre se llega.
Por eso el mensaje toma todavía más valor. Porque no viene desde la teoría, sino desde la experiencia. Desde ese recorrido que empezó en una cancha de baby, con botines gastados, nervios de sábado y la ilusión intacta.
En ese contexto, el verdadero sentido del baby fútbol vuelve a ponerse en primer plano. No como una fábrica de jugadores profesionales, sino como un espacio de formación, de pertenencia, de vínculos y de aprendizaje. Un lugar donde el error no castigue, donde el resultado no condicione y donde el juego siga siendo juego.
Porque, en definitiva, el desafío no es cuántos llegan. El verdadero desafío es que todos puedan disfrutar el camino.

