San Isidro viaja a La Rioja. Allí disputará dos encuentros y luego continuará hacia Santiago del Estero. Serán tres partidos fuera de San Francisco, territorio donde el equipo todavía muestra más interrogantes que certezas.
Con la necesidad de exponer carácter, temple y liderazgo, San Isidro saldrá a la ruta para defender la cima de la Conferencia Norte de Liga Argentina en una seguidilla de tres enfrentamientos “peligrosos”.
Este viernes por la noche enfrentará a Fusión Riojana, el domingo se medirá con el escolta Amancay y el martes cerrará su periplo ante Independiente. Justo en el punto medio de la Fase Regular —16 partidos disputados de los 32 programados— San Isidro exhibe números sólidos: 11 triunfos y apenas 5 derrotas, un 68,7% de efectividad que respalda la campaña que viene construyendo.
El triunfo del lunes ante Santa Paula de Gálvez en el “Nido” volvió a ratificar su enorme fortaleza como local: ocho partidos, ocho victorias, un estadio que sigue siendo inexpugnable. El contraste aparece cuando el calendario lo obliga a salir a la ruta. Si bien el arranque fuera de casa fue auspicioso —victorias ante Colón en Santa Fe, Huracán Las Heras en Mendoza y un ajustado éxito frente a Barrio Parque—, las cinco derrotas sufridas dejaron sensaciones incómodas por el rendimiento mostrado.
Lo que viene será, entonces, un examen de madurez. Fusión Riojana, debutante en la categoría, aparece en los papeles como el rival que más flaquea, con récord 5-5 como local. Amancay representa otro desafío: sólido en su casa (7-2) y con un global de 13-6 que lo posiciona como el perseguidor inmediato de Sani. El cierre en Santiago del Estero ante Independiente también exige atención: un equipo irregular, pero fuerte en su estadio, donde ganó siete de diez partidos.
Más allá de los resultados, la gira servirá para medir algo más profundo que la tabla: la capacidad de San Isidro para sostener su identidad lejos de casa, competir con la misma convicción que en San Francisco y dar un paso adelante en su construcción como candidato. Defender la cima implica algo más que ganar; implica demostrar que el equipo puede responder cuando el contexto aprieta y el margen de error se reduce al mínimo.

